Al momento de emitir un informe a la Junta Directiva, siempre se busca ser lo más acertado posible y cobijar todos aquellos aspectos que deban ser de total interés y que satisfaga los deseos de los accionistas o propietarios de la organización, al momento de emitir cualquier cantidad de juicios o preguntas referentes a la gestión que ha venido desarrollando la administración sobre los intereses de la empresa. Es este quizás uno de los momentos más importantes de un Gerente o Directivo para hacerse notar y mostrar así lo bueno de la labor y los alcances obtenidos, basados en su sacrificio y esfuerzo, apoyado con su equipo de trabajo.
Como se puede apreciar es esta una forma de generar una de las variables más importantes en la actividad gerencial, dado a que se pretende comunicar a los interesados, que tan bien se pueden conseguir los propósitos y las metas de la empresa contando con personal capacitado e idóneo para el desarrollo de las labores.
Pero, éste es un enfoque parcial pues a pesar de que hablamos sobre lo que se está comunicando, quizás lo que se pretende es cumplir con una labor de información, y es aquí donde quisiera hacer una pausa y remontarme a la época en la que el mundo relata una de las historias más interesantes cuando de comunicación se trata; y fue la única forma que hubo para que la Torre de Babel, tuviera los resultados que por todos es conocido, pues al asignársele una lengua diferente a cada individuo no hubo forma de poder establecer una coherente relación y la comunicación fue un absoluto fracaso.
Estas torres de babel suelen verse muy a menudo en nuestras empresas pues en expresiones o en orientaciones muchas veces la interpretación es asumida de manera diferente por cada uno de los receptores al momento de recibir los resultados de algunas labores; y es cuando nos preguntamos: ¿será que no utilice las palabras apropiadas? ¿Qué sucedió que no me hice entender?.
Todo esto me recuerda un artículo titulado “Lecciones del caso de la naranja” que publique en el diario PORTAFOLIO el pasado 3 de diciembre de 2003 el cual expresa lo siguiente: Que bueno es traer un caso como este de la vivencia cotidiana al área empresarial:
Eran las 2:00 P. M., de un día muy importante para José, quien atravesaba por una de esas crisis económicas que suelen ocurrir cuando no se gana lo suficiente para sostener los gastos de un hogar, y como cabeza de familia estaba muy preocupado por la dura situación que vivía en ese momento.
Sentado en el sofá, ubicado en la sala de su casa, pensando en la forma como sobresalir de esa difícil situación, se le acercaron sus dos hijos Pedro y Juan de 9 y 10 años de edad respectivamente. Ellos le dicen: Papá tenemos hambre, entréganos dinero para comprar algo en el supermercado y comer.
José, algo desconsolado, introduce su mano derecha en el bolsillo de su pantalón y ¡Cual sorpresa!;: no había una sola moneda para darle a sus hijos. Revisa su billetera y más preocupado quedó, cuando lo único que encontró era el recibo por el servicio de energía que había llegado a su casa ese mismo día por la mañana. Le dice a sus hijos: niños, no tengo dinero.
Se sienta en su sofá, consternado por no haber podido complacer a sus hijos; pero al momento de dirigir su mirada hacia su izquierda observó la bolsa blanca en la que conservaba una de las dos naranjas qua había comprado el día anterior. Inmediatamente le dijo a sus hijos: niños aquí hay una naranja. Sin pensarlo dos veces, tomo un cuchillo y partió la naranja por la mitad; una parte de la dio a pedro y la otra parte se la dio a Juan.
Ellos salieron muy felices a disfrutar del alimento que les había dado su padre y conversando de esos temas que hablan los niños se retiraron de donde estaba José, tomando cada uno por lados diferentes.
Una hora después José se dirigió a la caneca de la basura que estaba en el patio para desechar la bolsa de las naranjas que había quedado vacía, y observó algo que le llamó mucho la atención: había media cáscara y media pulpa de naranja.
¿Qué paso aquí?, se pregunto José. Y con voz enérgica, llamó a sus hijos: Pedro, Juan, ¡vengan por favor!, necesito que me expliquen algo que no comprendo. Y José les preguntó: ¿Por qué hay media pulpa en la basura? Yo pensaba que ustedes tenían hambre y me doy cuenta que desperdiciaron media fruta. Pedro y Juan se observaron entre sí y algo tímidos por el estado de ánimo de su padre, le contestaron, siendo Pedro el primero en tomar la palabra: Papá: yo me comí la media pulpa porque es lo que a mí me gusta. Luego dice Juan: Papá yo me comí media cáscara por que hice un dulce melado con ella, y eso es lo que a mí me gusta.
José, al ver que ambos estaban satisfechos reaccionó con mucha incertidumbre, pues él observaba la media cáscara y la media pulpa en la basura y les preguntó: niños, ¿ustedes vieron la basura?
Pedro y Juan observando la caneca de la basura y le respondieron a José: ¡No Papá!, no la habíamos visto.
Como puede apreciarse este suceso puede trasladarse a las Empresas en la medida en que los Gerentes o Directores de Departamentos, no ejercen una completa función de supervisión control y seguimiento; pues en este caso entre algunas variables, fallo la coordinación y la comunicación. No hubo una conexión directa entre áreas como la que hizo falta entre Pedro y Juan; y que decir de la incertidumbre en la que se sometieron las decisiones de ambos sin la previa orientación de José como gestor y responsable de esa función.
Son muchos los casos en los que cotidianamente se observan en la Empresas la malversación de recursos, dada la falta de gestión por parte de los Directivos u orientadores de las políticas de las organizaciones. Suele suceder que las instrucciones son impartidas pero no se les hace el debido seguimiento con el propósito de garantizar la efectividad con la que se desarrollan las labores. Más aun cuando las áreas de una Organización trabajan como republicas independientes, sin coherencia entre los departamentos o áreas de la respectiva organización empresarial.
Por ello se requiere de verdaderos lideres que guíen y orienten a la organización como un todo y no como la suma de sus partes, dado a que independientemente de los propósitos que persiga cada división, el objetivo común de la empresa es uno solo y por ello se debe trabajar como un equipo donde cada una de sus participantes hace parte integral en el proceso y desarrollo corporativo.
Aunque en algunos casos las personas hacen el papel de la naranja; pues son ocupados en un porcentaje muy inferior a su capacidad creativa y de desarrollo.
De modo que hay tener muy en cuenta que la Administración de Recursos es una de las prioridades básicas y fundamentales para garantizar el cumplimiento de los objetivos en la Organización Empresarial y por ello se debe desarrollar de forma tal, que los involucrados en los procesos conozcan cada una de las etapas del mismo y de este modo se pueda hacer una mejor utilización maximizando beneficios y agregando valor.
Que coincidencia y que agradable que en esta oportunidad una vez más pueda destacar uno de mis artículos y que sea tan pertinente con los casos a plantear.
Pero bien lo importante es que a través de las palabras nos comunicamos y por medio de la comunicación queremos llegar a lo que deseamos, por ello es necesario que esas palabras cuenten con una buena dosis de exactitud y que se exprese lo que se desea, siempre encaminados a lograr lo que necesitamos en un proceso de intercambio de ideas y opiniones. Palabras expresamos o escribimos a diario, de allí que la base del desarrollo de las relaciones, la familia, las empresas y las naciones radica en una excelente comunicación.
Rodolfo Sosa Gómez Administrador de empresas, egresado de la Universidad Cooperativa de Colombia. Especialista en Gerencia financiera de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá. Estudios en finanzas y gerencia moderna.
http://www.gestiopolis.com/canales5/ger/comunicarodol.htm
Palabras clave: administracion, comunicacion